Casa Borregos XX
La casa se concibe como dos mundos complementarios unidos por un recorrido sereno. Un volumen alberga la vida pública: la convivencia, la mesa larga, el fuego, las conversaciones abiertas hacia el bosque. El otro resguarda la vida privada: el descanso, el silencio y la introspección. Entre ambos, un pasillo lineal actúa como pausa y transición, un umbral donde la luz se filtra y las vistas enmarcadas de los pinos acompañan el paso de lo social a lo íntimo.
El área pública se abre completamente al exterior mediante grandes planos de cristal, permitiendo que la terraza, el jardín y el interior funcionen como un solo espacio continuo. La piedra, la madera y el concreto pulido reflejan la luz cambiante del día y hacen presente el paisaje dentro de la casa. Al cruzar el pasillo, la atmósfera se vuelve más contenida y cálida; los materiales envuelven y protegen, creando habitaciones que invitan a bajar el ritmo.
Más que separar, este eje central conecta dos formas de habitar: compartir y recogerse. La arquitectura guía ese tránsito con suavidad, haciendo del recorrido cotidiano una experiencia consciente, siempre acompañada por la naturaleza de Tapalpa.
